jueves, 15 de diciembre de 2011

alba

Ya clarea lánguidamente el alba en recién añil y escamas de oro. Se despereza el día con su azul melodía, más puntitos de ámbar… Está naciendo el sol.
Despierto en duermevela, contemplo el pulido témpano infinito, nenúfares de vidrio de agua y techo de cielo, cascadas de malvas del firmamento, cintas de hadas zafiro en filamentos…
Edificios de todos tonos: castaños, pardos, rojizos… y al fondo, verdes, granates y blancos relucientes… más cerca, ocres y amarillos, formando un conjunto, un todo, una ciudad.
Luengas nubes rosas en el horizonte como espuma divina, un ave cruza la ventana; a lo lejos, pasa una bandada, dividida entre el verso y la rima.
Al calor de la estufa vienen dos elfos, intercambiamos tabaco y aspectos, monedas e incienso.
Un manto dorado cubre las cumbres de las edificaciones, viento del sol, alimento de los dioses…
Oblicuamente, los rayos mil reflejan en mi farolillo, aumentando su potencia. Los adornos navideños cuelgan a ambos lados, y debajo, el acuario en flor, con su preciosa vida submarina. Mariposas celestes revolotean a mi alrededor, mientras caen y suben pompas diamantinas. El cielo es mármol puro, el incienso canela y miel, hebras de plata en el suelo, señales de un kelpie corcel. Saluda papá Noel desde la torre, junto al estanque de la impresora, lago florido de cisnes, nereidas sin chismes ni aureolas, desnudas, de mi buhardilla en los confines ahora.
Aún se ve la luna escondida en azul, entre nimbos de marfil, benditos astros sin fin.

Ya en la tarde noche, mi pluma vuela sola, como llevada por las suaves manos de las musas, de carne rosas, blancas y venosas otras muchas.
Esencia perenne del arte, hablo con una maestra pintora, artista de las artistas, amiga y alegre cantora, Mª Carmen, mi tutora preferida. –guiño-
Fluye el agua mágica del acuario mientras la telebasura lanza noticias económicas. Un tul violáceo trasluce la luna llena. Hadas en tanga por la moqueta. Obrando elevados, Venus habla…
Mandolino duerme al calorcito del almohadón, él es blanco y pequeño como una nube de algodón, tan en su mundo insondable de ternura… Y mi abuela, que es gnoma, hilando hebras de la aurora, bálsamos del bien, crisálidas por cien, fragmento de adelfa que el sol dora.
Al nadir ahora, la luna deslumbra, los dioses estampan un terciopelo morado en el cielo, las olas son nimbos añil, el viento sopla…