martes, 20 de diciembre de 2011

Rock and roll

Nimbos luengos del atardecer, espuma rosa y ámbar, brillante estampa del cielo del proceder, lontananza fosfórica y cárdena, que en línea añil se ve, tarde en noche de lana, celeste piel, peluche grana, inmenso ser. Crepúsculo de los dioses que siempre ha de volver. En velos morados y negros esta vez, denso como el café.
Parto hacia el Machu Pichu en mi deseo de querer, poblado de bellas ninfas que me reciben al ver, ensoñación del devenir, sé que algún día se ha de cumplir. Citas con princesitas, trueques con trasgos, horarios de llama de dragón en vena, ardiente poeta, dientes y velas, festividades en el calendario, prisas, de un duende tengo visita…
Mandolino al calor del fuego, avisando cuando llaman luego, enciendo el incienso de un druida que me he encontrado en la cocina. Mi abuela prende la llama del farolillo… Las calles son un trasiego de gentes, luces, bolsas, cajas de regalos, y mi buhardilla se abre cual abanico irisado. Destellan los dorados y el rojo de papá Noel al ritmo de su carcajada, bordados de rubí y oro sobre su barriga, de dicha henchida y rodeado de amatista hadas. Y cristalizan crisantemos de diamante y gemas alrededor de la caldera. Danzan las bayaderas junto a los gnomos. En cabriolas los sátiros frente a los chopos. Nenúfares blancos en el estanque, que azula la luz del acuario.
Casquivanas hadas tienden guirnaldas con el boggart, vaya tío, en mi ausencia se ha montado un trío, y vaya si sabe, me ha dicho: Ayer me lo hice con las brujas de Salem. No debí dejarle mis libros de Sade.
Insombres adelfas de anacreónticas fiestas se esperan…

¡Vaya! Tiene razón el tarot, hoy sólo quiero escuchar rock and roll…
Violonchelos y francés, ojos de gata, minifalda fresa, corsé de negro y plata, lasciva mirada, saxo, vello a flor de piel, terciopelo añil, mujer de rojo ante mis ojos, acústico y francés de mis antojos, princesa de madrugada, cantando a coro las hadas, melodías de la noche bien entrada…
Espejos amarillos y tonos blancos en la buhardilla, retratos, ribetes verdes, limonados, ambarinos… Gata en piel de tigresa en el plasma, irisando la estancia. Ojos de luna en el rock and roll de la noche.
Celda esfera de luna, clara perla, incienso tul de aromas de Estambul…

lunes, 19 de diciembre de 2011

Oboes en la noche

El incienso de oriente recorre una hilera de libros, el oro es la llama del farolillo entre los adornos, y la mirra en el Belén minimalista del comedor a la vista.
Mandolino al calor del radiador, sobre la cama, viendo la televisión. Junto a la estufa, tomo el café de la hora bruja. La noche es negra y el humo blanco, reinan las flores que yo destaco. Brillo de plata de peluches lagartos. Duendes vivientes desperezando al crepúsculo casi morado. Desde imágenes mil, me miran los peces del acuario. Hadas turquesa revoloteando, pixies traviesos entre los cactos, el molinillo de agua junto al lago, el cobertizo, medio cuadro…
Nido de sierpes blancas bajo el escritorio, tintero lleno, laúdes en el promontorio, pulsad la lira, que mi mente delira. Ay, ya salen las ninfas…
Y mi abuela, que es gnoma, hace difíciles cuentas sin calculadora. Venus en la aurora…
Alfombra mis pies un césped color mesa de billar, irradia calor la caldera de una bruja, pócimas y esencias de titán, olores de versos que empujan. Sonrosado y mofletudo el papá Noel tridimensional, caleidoscopio de neón es la gran ciudad. Algunos periféricos por arreglar. Y mi bloc de notas, que adonde voy él va… Ahora recuerdo un cuento de Guy de Maupassant, y el escribir me recuerda las cartas desde mi celda.
Una nota en negro sobre rosa, tienda de cómics, tierra de trols y ogras, embrión de la imaginación, noveno arte, vidría la llama en el farol como un estandarte.
Doble oráculo de Delfos esta semana, en viaje de delfín, debo ver a Merlín, en peregrinación cual un samana.
Pleamar de cielo, del alba lucero, constelación de acacias, musas de la gracia… Flores de bien, que han de volver. Surtidores de colores sobre mi tablero de dibujo, arte bella, me reclama una doncella… con nombre de brujo. Las escrupulosas sibilas separan mis libros y los clasifican. Los gnomos duermen, ya es tarde. Sólo el gordinflón me saluda muy amigable. Coleópteros azules vibrantes, anaranjados helicópteros naturales. Libélulas de alas violáceas sobre el estanque de nenúfares. Violines, música, granate… Oboes en la noche, sinfonías de diamante. Arpas de láser. Corazones de rosas claras. Mozart, Jarre…

domingo, 18 de diciembre de 2011

Víspera

Aire muy frío en el tuétano de los huesos, médula contraída, corriente húmeda del mediterráneo en el invierno. Vísperas de navidad, decoración en millares de cada local. Cena de amigos en hermandad, perfume de fruta, tabaco de liar… Conversaciones púrpuras y medias donde mirar. Senos turgentes en el ambiente más intelectual y tribus de perroflautas bajo el dintel de algún portal, glorietas, parques y plazas al ritmo del vendaval. Pub de jóvenes que se sienten soñar, garitos con luces inundando la ciudad.
Espejo multicolor de noche boreal, la ley de no poder fumar. Tomo un refresco con mi amigo Alberto, él gusta de un rojo vodca en copa, mientras escudriñamos los detalles que vienen en tropel sobre nosotros. Se diría que estamos entre los mayores del local. Lozanas chicas y mujeres de dicha transitan, enciendo la vela rubí sobre el mármol de nuestra mesa. Alberto y yo nos acomodamos en el butacón, mientras el resto juega a los dardos bajo un frondoso árbol navideño. Ganan, pierden; pierden, ganan; y siempre igual. Una serpiente verdiazul recorre el sillón por detrás de ambos, cuelgan esferas de varios colores y tamaños, igual que una pequeña constelación artificial, hay una máquina tan nueva que no sabemos ni cómo funciona, salen del baño dos féminas, cruza un ángel… Un ángel tenaz con su fe puesta en Adán. Pero hay muchos donceles y no tanto afán. Contemplo un trasero descomunal. Por entre semejante madreselva me encuentro sobre agua y pétalos de cristal. Destellan los dígitos de la máquina de dardos, juegan otros al billar, un visillo tornasolado que deslumbra sólo al mirar, y justo al centro del local, una estrella sobre el bendito árbol de navidad.
Parece que la noria de las emociones despierta en navidades, el cariño, las postales… el ser bondadoso con el prójimo, que debería ser siempre; la navidad da alas a los niños soñadores, mariposas y libélulas de vidrio de colores. Y, aunque sólo sea más que un espejismo, la navidad es de los sentidos un bello paroxismo.
 

sábado, 17 de diciembre de 2011

Mandolino

Mandolino me despierta en la tarde densa, cansado ya de la siesta. Mundo de mundos, con su presencia. Blanco dorado de sol es su mirada tierna. Alimento las notas cárdenas del acuario con un tarareo, y Lesbos, desde el cuadro, me besa. Nada de tele cuando hay nata y fresa.
Ni sol, ni luna ni estrellas me interesan, sólo su esencia, albor, bruma, estelas, el todo hecho cristal de agua de fresa, la luna como ninguna con su omnipresencia, y el sol, cuando lo veo, cómo diría, es Dios hecho poesía.
Cristal líquido de menta, noche persa, vergeles, vírgenes tras biombos violáceos transparentes, danzas de oriente, paroxismo de los sentidos, diamantes de la mente.
Retozo de hadas azulinas, morada mía, de serpentina ninfas y ondas de estanque en el mármol rosa, nereidas nadando desnudas, bajo árboles de mariposas perdidas que se esconden tras las dunas. Alas de puro zafiro, medias de metal pulido, carmín eléctrico a la luz de la luna que las escucha… Paladín herido por Cupido, amante mente hacia el infinito.
Ballet de hadas ámbar, pistilos de néctar dulce y cristalino, pétalos de iris al rocío en abanico. Licor de dioses entre el lino. Ojos de almendra, Mandolino, delicado y fino.
Arrecifes de coral, canto de cisnes, aroma de oriente, ponientes formas perfumando las lides, fragantes olas de sur, bienolientes, norte como un tul, de esencias hasta el oeste. Fragmentos holográficos de la rosa de los vientos.

Silencio de sepulcro abierto y maullar de gatos, gasa violada cubriendo el cielo yermo, satélites dentro de aros, noche eterna de los bichos raros… El fosfórico pez del acuario, figura de bronce, memoria de algún antepasado, vuela y caracolea templando suavemente las liras de su legado. Abocado a la fantasía sueña burbujas de un día, pompas plenas de acacias, vidrieras líquidas…

Estrellas naranjas, puntitos brillantes como rubíes en petróleo, fosforescentes y lejanos, pétalos fucsia ante los albores de un cielo azulado, mar de cielo en óleo. Miríadas de aves grises argentan el firmamento. Platean ventanas a más claror, y en lontananza, la media yema del sol, irradiando color por doquier, haciendo de la materia su poder ver, y en órbita a la Tierra un nuevo amanecer.
Una gaviota dibuja vetas blancas en el mármol del cielo, presurosa y esbelta a la vez, pasa de nuevo, nimbos luengos se ven, más pajarillos sobrevuelan en tropel, dentro de un limbo como un pez, claros y etéreos estanques de la niñez, a lomos de un kelpie corcel… Vuelo con ellos también.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Viento

Himnos de violín, sinfonías sin fin, oboes en la noche, plegarias de algún paladín, aloes entre los broches de Marilyn, tintero en flor, pleamar del cielo.
Piedras en la sombra, corceles de la luz, estrellas y alondras, celestes como un tul. Surtidores de flores a ambos lados del pasillo, en los albores de la noche, meciendo los cabellos de su brillo.
Negra noche de bruma, sólo Venus alumbra…
Caperucita azul en la cola, papá Noel verde, como lucía antes de teñirlo la coca-cola. Y la ratita presumida en mi buhardilla, paseando la escoba en la alcoba.
El búho despierta, el reloj de cuco marca la aurora, calles desiertas de horas solas. Pero mis peluches pelean con purpurina, los gnomos atesoran, las hadas me miman…
Una orquídea de cristal de agua abre el telón grana, pasarela dorada de ninfas y hadas, de gala mojadas y plenas alas. Turquesa, a la sazón, se agranda… y explota en millones de gemas, para ser policromía eterna.
Tras la fusión de infinitos, una fisión de limbos desgrana rosas de perlas, conchas, adelfas… y la buhardilla vuelve a rezumar aromas de cotidianidad, hermandad de elfas.

Sopla Eolo con fuerza en la tarde tersa, brumosa al cénit, suena música celta lejana y débil. Silba el viento, golpeando las ventanas, a las que asoman vaporosas hadas. Varias elfas de la noche galopan en corcel puca por los rincones, escapando gráciles de los dragones. Estelas de platino, humo blanquecino, son los gnomos forjando su destino. El molinillo de agua vierte oro de destellos, cascadas de plata, ogros a lo lejos con los paladines en cruenta batalla. Paisajes del florido pasillo, escenas de rosas grana. Reloj de cuco, graciosas ardillas, velan las sibilas mis libros en el interior de mi buhardilla.
Despliega la noche sus alas moradas, delta de Venus, que nunca se apaga. Como la vela del farolillo, que entre espejos de esmeralda baila. Guirnaldas azulan la verde estampa. Diadema de perlas sobre el escritorio, junto a mi pluma, ingrávidas, cientos de gemas…

jueves, 15 de diciembre de 2011

alba

Ya clarea lánguidamente el alba en recién añil y escamas de oro. Se despereza el día con su azul melodía, más puntitos de ámbar… Está naciendo el sol.
Despierto en duermevela, contemplo el pulido témpano infinito, nenúfares de vidrio de agua y techo de cielo, cascadas de malvas del firmamento, cintas de hadas zafiro en filamentos…
Edificios de todos tonos: castaños, pardos, rojizos… y al fondo, verdes, granates y blancos relucientes… más cerca, ocres y amarillos, formando un conjunto, un todo, una ciudad.
Luengas nubes rosas en el horizonte como espuma divina, un ave cruza la ventana; a lo lejos, pasa una bandada, dividida entre el verso y la rima.
Al calor de la estufa vienen dos elfos, intercambiamos tabaco y aspectos, monedas e incienso.
Un manto dorado cubre las cumbres de las edificaciones, viento del sol, alimento de los dioses…
Oblicuamente, los rayos mil reflejan en mi farolillo, aumentando su potencia. Los adornos navideños cuelgan a ambos lados, y debajo, el acuario en flor, con su preciosa vida submarina. Mariposas celestes revolotean a mi alrededor, mientras caen y suben pompas diamantinas. El cielo es mármol puro, el incienso canela y miel, hebras de plata en el suelo, señales de un kelpie corcel. Saluda papá Noel desde la torre, junto al estanque de la impresora, lago florido de cisnes, nereidas sin chismes ni aureolas, desnudas, de mi buhardilla en los confines ahora.
Aún se ve la luna escondida en azul, entre nimbos de marfil, benditos astros sin fin.

Ya en la tarde noche, mi pluma vuela sola, como llevada por las suaves manos de las musas, de carne rosas, blancas y venosas otras muchas.
Esencia perenne del arte, hablo con una maestra pintora, artista de las artistas, amiga y alegre cantora, Mª Carmen, mi tutora preferida. –guiño-
Fluye el agua mágica del acuario mientras la telebasura lanza noticias económicas. Un tul violáceo trasluce la luna llena. Hadas en tanga por la moqueta. Obrando elevados, Venus habla…
Mandolino duerme al calorcito del almohadón, él es blanco y pequeño como una nube de algodón, tan en su mundo insondable de ternura… Y mi abuela, que es gnoma, hilando hebras de la aurora, bálsamos del bien, crisálidas por cien, fragmento de adelfa que el sol dora.
Al nadir ahora, la luna deslumbra, los dioses estampan un terciopelo morado en el cielo, las olas son nimbos añil, el viento sopla…

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Averno

Amanecer anaranjado de nubes rosadas y cielo claro, manso, mármol de vetas de plata, luengos trazados, blanco marfil, azul cielo claro.
Edificios marrones, ocre, granate y sepia… de toldos verdes y espejos por ojos, reflejando la luz del sol. También, casitas blancas destacando su viveza celestial y matinal. Mientras arroja fotones indiscriminadamente el astro rey por doquier. Verde oliva una puerta, barnizadas de oro las palmeras, eterno amanecer.

De vuelta del Parnaso, pasé por el averno, donde conozco a unos duendes buenos. Con mis amigos, en la terraza, hablamos de esto y aquello, mientras dos morenazas nos erizaban el vello. Unas tapas, un refresco, chicas guapas y aire fresco. Luego, ya dentro, partida a la diana y al futbolín, bufandas de lana y otros parchís. Risas y carcajadas con nuestro amigo Juan Luis. Ya de vuelta a mi nido, seguía el perfume de fémina cual cometa perdido, inundado de mil fragancias por las tiendas desprendido.
Estrellas de luces colorido, humanos dentro de abrigos, junto a bellas mujeres me arrimo para seguir mi camino.
Hoy me ha limpiado la alcoba el rumano, ha cambiado de sitio el cetro de caoba, pero tiene buena mano. Todo está limpio y aseado, con mis cosas al antojo que yo he dejado.
La estufa enciendo al recibimiento de Mandolino, que me colma a besos, calor contra el frío. La cara de papá Noel bajo el tazón de café y en el acuario, tornasolado, un remolino. Amarillo a rayas, blanco perla, azul de vidrio…
Cantan cánticos las sirenas junto al molinillo, aroma de adelfas tras el visillo, esencias de incienso de cien destinos. Hoy he hecho la siesta de la lechuza, es como la del borrego pero antes de la hora bruja.
Hadas y pixies se mezclan por mis almohadas, sacan brillo los elfos a sus espadas, y siguen en corro los gnomos a las paladines más bellas y bravas. Tinta azul en cascada transformada en rosa escarlata, jazmín y lirios de plata, verdeoro jardín se plasma, de cristalinas y malvas aguas.
Himnos de humo rosado, al compás del incensario, hilos de humo blanco, sibilas ornamentadas en lo alto, adornando de purpurina y fresa un retrato.