martes, 6 de diciembre de 2011

Festividad

Tarde fría, junto a la estufa de mi buhardilla. Mar cerrado cubre nuestras cabezas, mientras me preparan café unas elfas. Danzan las bayaderas sobre mi mesa, con aires de traviesas, entre la bruma del cenicero. Cielo añil por entero… y algo de poesía en mi tintero.
Cielo oscuro, casi negro, ¡ay, Venus!, estrella vespertina, del alba lucero. ¿Dónde estás, que no te veo?
Reinado nocturno de mis pensamientos, de los duendes umbríos su gobierno, de las musas eruditas mi desvelo.
Cielo oscuro, manto negro, ¿dónde estás, Venus, que no te veo?
El aroma a café despierta a algunos goblins pasajeros, y cambiamos tabaco por puros de los buenos. Una nubecita muy blanca sale a mi encuentro, es Mandolino, mi dulce y mimoso perro. Cítaras pulsadas por semidiosas deleitan mis oídos, Mozart, Mahler… y un libro de Rubén Darío.
Bullen mis frascos de trasgos en el anaquel, piafan los corceles en las florestas, otro regalo de apuesto doncel, hoy es día de fiesta.
Festiva tarde de juerga, beben mis criaturas por Baco, silban las sibilas invocando a Dionisio, heroínas resplandecen con sus galas por los cuatro costados de mi cama, el estanque junto a la impresora repleto de nereidas desnudas armando jolgorio y alegría, un montón de tangas en la orilla… Algarabía entre mis libros, apuestos elfos y gnomos prestos, desentrañando las luces artificiales de mi librería.
Un encapuchado me ha pedido algo, pero yo sé que es de la acera del otro lado.
Mi reloj de arena de ínsula oriental orlado de conchas, me sumerjo entre el musgo verde y el coral cárdeno del acuario cual si fuese otro pez rayado, ellos no saben que hoy es fiesta y nadan mansos.
Ópalo precioso y fragante áloe sobre mi escritorio, aroma de rosas en el incensario, y algunas notas en mi inventario.
Cielo oscuro, manto negro, ¿dónde estás, Venus, que no te veo?


Desde mi último piso se dejan ver fulgurantes puntos de todos los colores sobre el negro tapiz del horizonte aterciopelado. Es un océano azul oscuro en el que destellan peces rojos, azules, amarillos, hogares con brillo, ráfagas de pestañas despertando en párpados fucsia,  guiños cómplices en la negrura, otro ventanal ámbar, otro balcón por arte de magia, es la estampa de un volcán, de cuyos hijos nosotros el magma. La lava levita sobre el mar morado de una noche más.
Desde Orión, desde las cuatro lunas de Saturno, Pan, Atlas, Elena y Rea, ya he pedido turno a la misma Galatea. Para que me solucione el problema de la ausencia de Venus…
Desde Porcia, al mediodía en Urano, a sus Pléyades, a Desdémona, Cordelia e, incluso, Ofelia, a la primavera en su entero planeta ya he pedido la mano, a todos los satélites de Urano. Entre los hechiceros, ya le he dicho a uno, que me hable de la noche perpetua de Neptuno.
He acudido a las meigas y al mismo Merlín, me las vi cual Odiseo con Circe, pero en vez de cerdo, delfín. Si al menos fuera el hermoso Pegaso. Mas a lomos de un puca voy persiguiendo al boggart que ya escapó del frasco. El monta un kelpie que no le hace ascos. Salta grácil  un nido de huevos de dragón de Kyoto. Mi puca galopa menos que el otro. Y además, ¡qué grima!, me cruzo con el gato vampiro de Nabeshima. Así que el boggart, el muy cabrón, me lleva hasta Plutón.

"La rosa tiene espinas para retar a los poco persistentes" Proverbio español.

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