Enciendo incienso de jazmín en mitad de la noche, duermevela lunar, astro de joya broche que va cayendo… El candil prendo en mi velar y la vela canela del salón, amarillenta la luna, se desvanece en su rincón, como una moneda de plata apagada. Muere la madrugada, ya duermen las hadas. Sueñan los elfos con grandiosas hazañas, surgen las polillas y las arañas… Sirven querubines al alba, con las liras templadas, en coro celestial y arpas doradas. Las diosas hacen yoga, de jaspe rojo en su morada.
Aún cuelgan adornos navideños, iluminando las baldosas del suelo mientras paseo, los duendes jugando a sus juegos, diversión, propósitos de año nuevo y, en la evasión, la luna plena contemplo. Aún aderezos en los balcones y las cafeterías, el teatro de las efusiones destellando todavía. Destellante como la luna manchada de tinta gris, blanco astro de marfil, perla aterida de Invierno en los arrecifes de la vida, luna llena, diana de mi mirada, luna elevada, que alumbras la noche cerrada.
Cadencias de acicalados querubines vívidos en el seno del ocaso matutino… Chill out crepuscular. Despiertame Mandolino en mi hogar. La lumbre arde, a encender el farol me dispongo cuando veo un ogro, que llega tarde. Intercambiamos frascos de sagrado aire, como hago con los trasgos, suspiros de princesas, detalles…
Inyección de pluma, aire de las tierras de las musas, tabaco de menta, incienso de eucalipto, el ambiente refresca un álbum de Egipto, y me hundo en las maravillas del mundo.
La pagoda bermellón me cautiva, esencia viva, y escudriño hasta el tono de barniz, miniatura linda, madera gama de rojo tapiz...
La pagoda bermellón me cautiva, esencia viva, y escudriño hasta el tono de barniz, miniatura linda, madera gama de rojo tapiz...
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